Yaxys Dallan
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Más que darte la palabra - 2007/09/01 09:32
Más que darte la palabra
Yaxys D. Cires Dib
En anterior ocasión he expresado en estas páginas que la actividad política democrática está excesivamente concentrada en las ciudades, en las más grandes y principalmente, en las capitales. Tal y como apuntaba en “Una asignatura pendiente para la democracia”, desde la Antigua Grecia, concretamente en Atenas, la actividad democrática – que era sólo para los ciudadanos- se desarrollaba en torno a la polis-estado. Siglos más tarde, en el medioevo europeo, las ciudades y sus pujantes economías significaron un factor clave en el ocaso del dominio feudal y la formación del sistema capitalista. Aún contando con esta tradición de liderazgo de las ciudades, su chaleco le queda pequeño a la democracia en la actualidad. Por ello es un reto para los demócratas buscar las vías para aumentar los niveles de participación de los ciudadanos que por opción, tradición familiar o circunstancias económicas, viven fuera de las ciudades.
Una efectiva política de descentralización, acompañada del fortalecimiento del régimen municipal, sería la clave principal para lograr tal propósito. Ello está muy ligado a la “democracia participativa”. Me llama la atención que los que hablan de la democracia participativa casi siempre se refieren a ésta como “forma de gobierno”, sin embargo, cuando la describen, se basan más en aspectos que se quedan en el ámbito de dar la palabra al ciudadano, es decir, en el de las opiniones y la fiscalización. El ciudadano vota, se expresa, fiscaliza, revoca o renueva a sus representantes o mandatarios. Adquieren gran importancia figuras como el referéndum, el plebiscito -ambas nacidas en la antigua Roma-, y otras más actuales, como los debates y encuentros “cara a cara” de los cargos o candidatos con los ciudadanos o votantes, método utilizado por la candidata socialista a las pasadas elecciones francesas. La participación de y en los medios de comunicación y en los espacios de Internet como you tube es fundamental en este sentido. Sin embargo, creo que es una manera muy limitada de entender la idea de democracia participativa que vista así, dista de ser una forma de gobierno. De esa manera, antes que una forma de gobierno –concepto que se refiere al ámbito de la ejecución- sería una forma de lidiar con los que ejercen o aspiran ejercer el gobierno.
Aumentar los niveles de participación va más allá de darle la palabra a los ciudadanos. Será necesario también que aumente el nivel de autonomía de las autoridades regionales y municipales en temas de gobierno, financieros y otros. Sería una descentralización gubernamental por medio de una cesión de competencias desde los entes centrales hacia los más locales, en definitiva más cercanos a los ciudadanos. Inclusive, el nivel de fiscalización podría ser más efectivo. Darle mayor participación ejecutiva a aquellos a quienes los ciudadanos en sus municipios les han dado su voto de confianza.
Pero no soy ingenuo. ¿Acaso la implementación de este sistema no favorecería el cacicazgo, el revanchismo entre comunidades, el nepotismo, regionalismo y otros males que a pesar de que existen también en la política a nivel nacional, en lo local, aunque con menos publicidad, suelen ser más frecuentes? Por ello creo que deben darse ciertas condiciones para el buen desarrollo de un modelo descentralizado:
- Que sea una política que logre un equilibrio entre las diferentes comunidades. Tiene que haber equidad a la hora de otorgar competencias y no abandonar el principio de solidaridad entre las diferentes estructuras o autonomías. Tampoco el gobierno central puede ceder en todas las materias. No se trata de asistir a una especie de desvalijamiento del estado. - Sé que esto es un punto que a muchos no le gusta tocar, pero si hay más autonomía, ello debe responder también al principio de eficiencia en el ejercicio de las competencias, concretamente en la administración. El sistema debe prever formas de financiación de los municipios que tiendan a ser cada vez más autónomas, menos dependientes del presupuesto general del Estado, claro, en lo que se pueda. Una fórmula que suele aplicarse es la sesión de la facultad en la recaudación y aprovechamiento de algunos tributos a las alcaldías. Es lógico que para ello las administraciones deben ser eficientes y evitar la excesiva burocracia, el aumento exagerado de la plantilla, la corrupción y el derroche de los recursos sin planes de desarrollo concretos. Los gobiernos locales necesitas buenos políticos, pero también buenos administradores. El proceso debe ser visto como uno para el desarrollo. - Otro aspecto que no debe faltar es una sociedad civil madura, capaz de fiscalizar y aportar a la democracia participativa. La participación de los grupos sociales, medios de comunicación e incluso empresas, es imprescindible para lograr un consenso ciudadano en torno a este proyecto. No se trata, como algunos han pretendido en países democráticos, de imponer su agenda al gobierno. La participación de los grupos, medios, y asociaciones, entre otros, que conforman el entramado social, debe ser libre, pero responsable y clara acerca de cuál es el rol de cada uno ante la propia ciudadanía. No se debe permitir una partidocracia, pero tampoco una “mediocracia” o una “ONGcracia”. Ni un sistema político en manos de partidos omnímodos, pero tampoco otro controlado por entes que escudándose en la legítima aspiración y deber de participación social, quiera entorpecer la labor de las agrupaciones políticas que han tenido el valor de someterse al escrutinio democrático.
Estoy seguro de que ustedes podrán pensar en otras condiciones necesarias para que se alcance ese mayor nivel de participación, la democracia participativa. Lamentablemente, algunos políticos, como Hugo Chávez, han tenido la osadía de llamar por este nombre a sus engendros totalitarios. Ello no debe desanimarnos en el camino de fortalecer un concepto todavía por aplicar en nuestra región. ciresdib@yahoo.es
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