Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
| Posts: 323 |  |
|
La Inseguridad de los Tiranos - 2006/04/17 09:20
El monje budista Thubten Wangchen, Director de la Casa del Tíbet, en Barcelona, contó en una entrevista publicada en La Vanguardia el 9 de marzo cómo tuvo que huir de su tierra natal con sólo 4 años de edad, después que los chinos torturaron y mataron a su madre. "Se cebaban en las mujeres embarazadas: el objetivo ha sido el genocidio del pueblo tibetano", dice con notable serenidad al reportero.
El 10 de marzo de 1959 los invasores chinos iban a detener al Dalai Lama, pero su pueblo rodeó valientemente el palacio para facilitar su fuga de incógnito. Siguió el saqueo y destrucción de más de 6.000 monasterios budistas y un largo período de torturas, encarcelamientos y asesinatos.
Casi un millón de muertos y 150.000 exiliados han cercenado desde entonces a una población de apenas dos millones. Cientos de miles de chinos se han asentado en el territorio, imponiendo gradual y forzosamente su mayoría étnica. La campaña de genocidio cultural incluye la destrucción sistemática de las costumbres, religión y estructura social de los tibetanos. Pero el mundo no ha reaccionado, como si esto le sucediese a una raza extraterrestre en alguna otra dimensión.
Por esos días coincidía la toma del poder por Fidel Castro y la trágica transformación totalitaria de la sociedad y la cultura cubanas. Ambos hemisferios contemplan ya 47 años de abusos y crueldad. El pretexto, denominado "comunista", se asienta en métodos estalinistas y nazi/fascistas que justifican sus crímenes como una “defensa” frente a supuestos enemigos externos. La motivación es el control totalitario del poder.
Consciente el Dalai Lama de la indiferencia mundial, señaló en el discurso anual de 2005, dirigido a su pueblo desde el exilio, que no aspira a "buscar la independencia del Tíbet" sino que aceptaría la tutela china para "que haya respaldo de diversas partes del mundo a este enfoque de beneficio mutuo para chinos y tibetanos". Sólo pide un mínimo de respeto, consideración y autonomía, porque el Tíbet "es una gran nación con una civilización rica y antigua".
Opta por esa misma bondadosa conciliación que imitan muchos opositores cubanos en sus esfuerzos por una transformación pacífica hacia la democracia, "con todos y para el bien de todos". Es una actitud civilizada de admirable firmeza e integridad.
Contrasta esta actitud de conciliación, diálogo y tolerancia con la feroz represión que asola a ambos pueblos. Contrasta también con la de aquellos líderes islámicos que promueven la guerra, la destrucción y la muerte, prestos a enardecer a multitudes fanáticas contra el enemigo "satánico" que perciben en cuantos piensen distinto o defiendan los derechos humanos. Enemigos como Salman Rushdie, condenado a muerte en ausencia por una obra poética que disgustó a los ayatolas o ese pobre ciudadano afgano que acaba de acceder a la fama porque su conversión al cristianismo lo convertía en un apátrida perseguido y también reo de muerte.
Rushdie es uno de doce intelectuales, en su mayoría musulmanes, firmantes de un reciente manifiesto donde destacan que: "Como todos los totalitarismos, el islamismo se alimenta de miedos y frustraciones. Los predicadores del odio apuestan por esos sentimientos para formar sus batallones destinados a imponer un mundo liberticida y desigual. Pero nada, ni siquiera la desesperación, justifica la elección del oscurantismo, el totalitarismo y el odio." Mencionan también las caricaturas de mal gusto que provocaron una oleada de violencia entre activistas islámicos, porque estos acontecimientos "han revelado la necesidad de una lucha por los valores universales … un combate mundial que ubica a los demócratas contra los teócratas."
El reportero de La Vanguardia indagó en su entrevista al monje budista sobre la posible reacción del Dalai Lama si viera caricaturas irrespetuosas de su persona y religión. Con la mayor convicción, le contestó: "¡Eso ha sucedido ya más de una vez! En diarios de la India. Y el Dalai Lama las mira, sonríe... y nada más." La burla resbala y divierte al que sirve de blanco cuando hay integridad sólida en su pensamiento. Sus preocupaciones son mucho más trascendentes.
Los líderes chinos no soportan caricaturas y castigan a sus autores. Fidel Castro también. Ha proclamado una ley de "desacato al Comandante en Jefe" y entre sus primeros actos en la Cuba de 1959 destaca el cierre del semanario Zig-Zag, que tradicionalmente ridiculizaba a políticos incapaces o corruptos. En tales países oscurantistas no se tolera la crítica. Es notable cómo ningún líder totalitario o teocrático tiene la valentía de sonreír condescendientemente ante la crítica irónica o burlona. Carecen de seguridad interior. ________________________________________ * Gerardo E. Martínez-Solanas, Economista y Politólogo (CUNY). Ex Funcionario de las Naciones Unidas.
|