Gerardo E. Martínez-Solanas
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Re:Una asignatura pendiente para la democracia - 2006/10/11 16:48
Por eso precisamente somos ciudadanos. Porque el concepto de comunidad política organizada en un Estado nacional se origina en las grandes ciudades de la antigüedad. Desde entonces sufrimos las deficiencias de la democracia, aún de la democracia directa que practicaban los ciudadanos de la Grecia clásica. Era una democracia de ciudadanos, donde sólo éstos integraban el “gobierno del pueblo”.
Ni las mujeres, ni los “metecos” (“inmigrantes” del campo) ni los esclavos (que eran muchos) contaban entre el magro núcleo de ciudadanos que, en Atenas, nunca sobrepasó el 8% de la población total. El 92% restante no disfrutaba de la “democracia”.
Sin hacer historia sobre la evolución del concepto, llegamos a nuestros días, donde prevalece una democracia representativa que, lamentablemente, las más de las veces no es un “gobierno del pueblo” sino un “gobierno de las mayorías”, lo cual no es lo mismo ni se escribe igual, porque implica el dominio –a veces intransigente– de unos sectores de la población sobre otros. En el peor de los casos, estas mayorías logran demoler la democracia hasta convertirla en una cruel oclocracia, como estamos contemplando en la Venezuela de hoy.
Eso es lo que percibe Yaxis Cires respecto a la falta de respeto que las mayorías democráticas de un sistema representativo suelen tener por minorías tales como el campesinado, que aunque puede ser numeroso en algunos países, está disperso y desorganizado. Además, cuando el poder se resuelve exclusivamente mediante el voto mayoritario, la democracia tiende a corromperse.
En consecuencia, en los países donde existe un cierto grado de democracia participativa, al menos al nivel municipal (como sucede en Suiza, Canadá y los Estados Unidos, entre otros pocos ejemplos) se nota un grado de dignidad política generalizado en todas las comunidades, grandes o pequeñas, que entienden cómo resolver sus asuntos sin el entrometimiento negligente o corruptor del poder centralizado en las grandes urbes o en la capital. Por supuesto, son países donde también impera el derecho y el Poder Judicial es un firme freno a los excesos legislativos y ejecutivos.
En realidad, esa es la pugna actual entre las tendencias que denominamos “izquierdas” y “derechas”. No es otra cosa que la tendencia a centralizar el poder (socialismo, fascismo) o a descentralizarlo (conservadurismo, liberalismo, libertarianismo). Evidentemente, la tendencia descentralizadora es la más proclive a favorecer la democracia participativa en sus diversas manifestaciones posibles.
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