Home arrow FORO / Participative Forum
Nov 21, 2008 at 08:18 AM
 
 
Main Menu
Home
Primera Plana / Headlines
Documentos / Documents
Referendos / Plebiscites
Libros / Books
Enlaces / Links
Derechos Humanos / H. Rights
FORO / Participative Forum
Top Forum
Gerardo E. Martínez-Solanas (315 posts)
Yaxys Dallan (180 posts)
Elena Blanco (85 posts)
Marcos Villasmil (78 posts)
Vicente R. Gutiérrez Santos (68 posts)
Jorge A. Sanguinetty (61 posts)
Miguel Saludes (61 posts)
Ernesto Ortiz Hdez. (48 posts)
OSWALDO JOSÉ PAYÁ SARDIÑAS (41 posts)
Lorenzo Cañizares (37 posts)
Login Form
Username

Password

Remember me
Password Reminder
No account yet? Create one
:: DONACIONES ::

You may help this effort for democracy with your valued donation to offset the cost of maintaining this site and to assist us in our efforts in favor of democracy and human rights.
Click on the button above to use PayPal. Or you may send a check to Participatory Democracy Cultural Initiative, Inc. Send a note to DemocraciaParticipativa.net with your commitment.

INSTRUCCIONES

Official PayPal Seal

Visitantes online
We have 139 guests online
Privacy Policy
You must register for posting. It's free! Find the Login Form in the left column.
Debe registrarse para publicar en el "Login Form" de la izquierda. ¡Es gratis!

FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Yaxys Dallan
Admin
Posts: 180
graphgraph
 
La soberanía hoy por hoy - 2006/08/06 14:08 El descubrimiento y colonización de América, la escisión religiosa europea producto de la Reforma, el vertiginoso progreso técnico y el gradual desarrollo del modelo económico capitalista, son algunos de los acontecimientos que matizarían el surgimiento de la nueva sociedad internacional. La modernidad le daba la bienvenida a una nueva formación internacional que cuenta entre sus notas características con el hecho de tener como fundamento la soberanía estatal. Esta nueva etapa supuso el control y dominio exclusivo del territorio nacional por parte del Estado, por lo que adquieren gran relevancia las fronteras.

De esta realidad se desprenden por lo menos tres consecuencias inmediatas: a lo externo, dada la coexistencia de un grupo de diversos Estados soberanos “iguales”, ocurría una especie de descentralización del poder; sin embargo, a lo interno de los Estados nacionales significó un afianzamiento del poder central estatal con una notoria concentración del poder político que dio al traste con las monarquías absolutas; por último, lo que podemos identificar como resultante de las dos consecuencias anteriores, el Estado nacional soberano era el principal sujeto de las relaciones internacionales, es decir: la nueva sociedad internacional que entonces veía la luz era profundamente estatocéntrica.

La llegada de la globalización ha supuesto una alteración en dicha sociedad internacional, en tanto ha significado grades cambios en las relaciones internacionales, principalmente en las económicas, financieras y culturales. Los avances en la ciencia y la tecnología y el desarrollo de las comunicaciones, han hecho que el tiempo y el espacio no sea una limitación determinante en la actualidad. En muchos casos las fronteras estatales han sido expuestas. El poder político de los Estados a lo interno se ha visto verdaderamente erosionado al interactuar con estos cambios. Algunos han llegado a hablar del paso de una sociedad estatocéntrica a una cuyos principales y determinantes sujetos son las grandes transnacionales y las organizaciones internacionales. Sin lugar a dudas el concepto de soberanía en un mundo como el actual no puede ser interpretado en términos absolutos como hace varios siglos o como se hizo en la primera mitad del veinte.

Sin dinero le es imposible al Estado realizar sus funciones, lograr el bienestar de su población y mayores índices de cohesión social. El Estado pobre que quiere avanzar o no desaparecer como ente político no ficticio, tiene que abrir su economía, necesita recursos financieros y por tanto se ve obligado a hacer concesiones, reajustes estructurales, garantizar seguridad jurídica a los inversionistas extranjeros, y a tomar una serie de medidas que implican la cesión de grandes cuotas de soberanía.

Hay Estados que han encontrado en la integración en bloques regionales una forma de vivir los tiempos actuales y de conseguir mejores niveles de vida para sus ciudadanos, además de tener mayor influencia a nivel internacional. Son muchos los dividendos que trae la integración, el ejemplo clásico es la Unión Europea. Muchos, entre ellos los latinoamericanos, admiramos a los europeos por el modelo que han construido; y queremos tener nuestros propios bloques, ahí está el Mercado Común del Sur.

Sin embargo, no entendemos que la Unión Europea hoy existe porque cada Estado ha cedido grandes cuotas de soberanía y las ha puesto en manos de las estructuras superiores. En la UE, el establecimiento de aranceles aduaneros frente a terceros no es una potestad soberana e individual de cada Estado miembro, tampoco lo es la política monetaria. Esas son facultades en manos de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo respectivamente. Sin concesiones en materia de soberanía, los experimentos latinoamericanos no funcionarán. Es por ello que los miembros del MERCOSUR se reúnen un día entre bombos y platillos, y a los pocos se están peleando por problemas económicos que se convierten en temas de soberanía; observemos la controversia entre Uruguay y Argentina por las empresas papeleras.

No hay contradicción más grande que pretender una integración plena y a la vez defender la idea de soberanía absoluta, y más contradictorio resulta cuando el tema de la soberanía se utiliza de manera populista para obtener dividendos políticos entre la gente que no entiende que el mundo ha cambiado.

Pero uno de los platos fuertes de los Estados que defienden el criterio de la soberanía, entendida de manera absoluta, es el de la democracia y los derechos humanos. Estos presentan o utilizan la soberanía como una cortina de acero que impide que se les critique ante el irrespeto a los derechos humanos y catalogan cualquier acción como una intromisión en sus asuntos internos y, por tanto, una violación del principio de soberanía que de hecho aparece en la Carta de las Naciones Unidas. Prefieren ignorar que también el orden internacional está cambiando y que existen infinidad de instrumentos internacionales que expresamente defienden a la persona humana ante los atropellos de los Estados, como por ejemplo en los casos de genocidio o los casos de violación del Derecho Internacional Humanitario. Tampoco quieren darse por aludidos ante la Resolución 48/141, de 1994, de la Asamblea General de la ONU, que expresa que “la promoción y la protección de los derechos humanos es una de las prioridades de la comunidad internacional”.

Todavía falta mucho por hacer, y como se trata de derechos de las personas, falta mucho por pormenorizar. Y no pensemos que los únicos que esgrimen el argumento de la soberanía son los que identificamos como Estados no democráticos, pues también hay otros identificados como Estados de Derecho que actúan de igual manera, aunque más bien ante los crímenes que comenten sus ciudadanos en el exterior.

Recientemente, leyendo los textos finales de las Cumbres Iberoamericanas, encontré un párrafo que guarda estrecha relación con este tema. En la Cumbre de Guadalajara de 1991, la primera, los jefes de estado y de gobierno, después de dos párrafos introductorios, expresaron en el número tres que: “Nuestra comunidad se asienta en la democracia, el respeto a los derechos humanos y en las libertades fundamentales. En este marco, se reafirman los principios de soberanía y de no intervención, y se reconoce el derecho de cada pueblo a construir libremente en la paz, estabilidad y justicia, su sistema político y sus instituciones.” Nótese que las bases son “la democracia, el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales”, y que significativamente, después aparecen los demás principios, entre ellos el “de soberanía y no intervención”, los cuales se reafirman en el marco de los primeros.

Ese enunciado no está lejos de lo que nuestros pueblos necesitan. A pesar de ello nuestros Estados viven aferrados a una falsa soberanía que defiende unos pretendidos intereses nacionales por encima o en detrimento de los intereses, los derechos o los problemas comunes de sus ciudadanos; intereses nacionales pretendidamente absolutos, que tienen poco viso de prosperar en las circunstancias internacionales actuales.


Yaxys D. Cires Dib
Licenciado en Derecho
Master en Derecho Mercantil,
Derecho Internacional y Relaciones Internacionales
  | | The administrator has disabled public write access.
 
Top! Top!