Alberto Müller
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Indigencia moral del castrismo - 2008/09/22 08:29
Artistas cubanos de intramuros y del destierro, peloteros de Grandes Ligas, activistas de los Derechos Humanos, cubanos retirados, trabajadores y empresarios, jóvenes de todas las razas y profesiones, mujeres y ancianos, pastores de todas las Iglesias, todo un pueblo de adentro y de afuera, sin miramientos de diferencias políticas, se une para intentar aliviar la furia destructiva que ha convertido a Cuba en un grito de dolor agudo.
La furia de los huracanes Gustav y Ike, que atravesaron la isla de Cuba de sur a norte y de este a oeste, provocando inundaciones, destrucciones de viviendas, ruinas en las cosechas y una catástrofe humana y social generalizada por la falta de agua potable, de electricidad y de alimentos básicos, ha puesto en evidencia la indigencia moral del régimen castrista.
El gobierno castrista aduciendo una farisaica “dignidad del Estado” y pasando por alto el intenso sufrimiento actual del pueblo cubano, se niega a aceptar la ayuda específica de la Unión Europea, de los Estados Unidos y de algunos grupos de derechos humanos del exilio cubano.
Y nos sorprende que un régimen que hace escasos tres años llevó al paredón de fusilamiento a tres jóvenes cubanos de la raza negra por intentar abandonar el país y encarceló a 75 oposicionistas pacíficos, en lo que se conoce como la Primavera Negra del 2003, se quiera presentar ante el mundo, como un estado de dignidad.
Si de algo carece el gobierno castrista, que lleva 50 años encarcelando a los disidentes, fusilando a los adversarios, interfiriendo en la soberanía de otras naciones y torturando a los presos y a las presas políticos, es de autoridad moral y de dignidad propia.
Lamentable que el castrismo no sea capaz de entender que las necesidades del ser humano priman por sobre el interés de cualquier estado.
Solamente el gobierno de Estados Unidos ofreció el 13 de septiembre un monto de cinco millones de dólares en asistencia y una oferta de ayuda incondicional para 135 mil víctimas cubanas.
Una semana después, Washington ofreció sin condiciones y directamente a los servicios de socorro en Cuba, más de seis millones de dólares en suministros de equipos para el hogar y albergues de emergencia, con el fin de beneficiar a casi cincuenta mil víctimas.
Según cifras oficiales verdaderamente escalofriantes del propio gobierno castrista sobre la catástrofe producida por los dos huracanes, los daños podrían valorarse en 10 mil millones de dólares.
Por eso resulta difícil explicarse esta negativa del régimen castrista a recibir ayuda sin condiciones, cuando más de dos millones de cubanos se han visto obligados a desplazarse de sus viviendas, más de cien mil viviendas han desaparecido, medio millón han quedado inhabitables, el abastecimiento de alimentos básicos se encuentra profundamente deteriorado y un por ciento alto de la población cubana no tiene acceso a agua potable.
Tal parece que los dirigentes castristas desconocen que la “dignidad” de un estado radica en la dignidad de sus habitantes y que la responsabilidad primera de cualquier estado se orienta a garantizar el bien común de todos los ciudadanos que lo integran.
La dignidad del estado siempre tiene que estar supeditada al bienestar, a la libertad, a una vida decorosa y a garantizar el acceso a los alimentos básicos.
Cuando se invierten estos valores y el estado olvida que su autoridad emana del pueblo, poniendo en un segundo plano la dignidad humana y las necesidades del ciudadano, entonces el Estado asume un matiz autoritario de desprecio, que es lo que estamos viendo en la actitud del gobierno castrista.
Así se comportaron en su época dos estados de terror y de indignidad ante sus pueblos: el estado nazi y el estado soviético.
Hasta el momento el gobierno de Raúl Castro ha rechazado cualquier ayuda del gobierno estadounidense.
Por eso hay que decirlo sin dobleces, que nos parece una indigencia moral que el castrismo no sea capaz de dejar la política a un lado y acepte la ayuda sin condiciones de los Estados Unidos, de la Unión Europea y de los cubanos exiliados.
Ayuda que aliviaría inmediatamente las necesidades y la desesperanza del pueblo cubano.
Curiosamente el gobierno castrista habla solamente del embargo norteamericano, pero no menciona los detalles del bloqueo oficial que ha mantenido desde hace cincuenta años contra el pueblo de Cuba.
Pero no es momento para demagogias ni fariseísmos, ni siquiera para diferendos políticos. El pueblo cubano necesita ayuda urgente. Lo impostergable y lo moral es entregársela y autorizarla.
Para entregarla está parte de un pueblo en el destierro preparado. Falta la flexibilidad y el sentido humano del estado castrista para permitirlo.
Por eso rechazar la ayuda solidaria es definitivamente una indigencia moral del castrismo.
En otro ángulo, los Estados Unidos deben hacer todos los esfuerzos posibles por flexibilizar las medidas restrictivas del 2004 que obstaculicen la emergencia de aliviar la catástrofe que sufre el pueblo cubano.
Inclusive no sería un mal momento para que los Estados Unidos revisaran lo mal concebido y lo mal mantenido de un embargo a Cuba, que aparentemente, según muchos observadores calificados, ha sido ineficaz e inoportuno.
Ya habrá tiempo para el diferendo político. Lo emergente de ahora es agua, alimentos, ropa y techo para los damnificados cubanos. El gobierno castrista tiene la palabra, que esperamos que deje de ser de indigencia moral.
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