Marcos Villasmil
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VENEZUELA: LA OPOSICIÓN ¡A LA CALLE! - 2008/08/13 11:34
La oposición presentó sus candidatos a las elecciones del próximo de noviembre, para alcaldías y gobernaciones. Han cumplido, sino totalmente, al menos en una buena medida, con esta tarea. Sin embargo, luego de varios meses de ser testigos de esa especie de “anarquía participativa” que se dio en los partidos al respecto de la metodología de selección candidatural, algunas cosas deben ser puestas en claro, en este camino que nos lleva de aquí a fin de año.
Lo primero: la oposición debe entender que esta elección no es, como dice algún analista al parecer extraterrestre, una mera escogencia de autoridades “locales”. Para la oposición, la elección debe ser lo mismo que ella es para Hugo Chávez Frías: un nuevo plebiscito sobre su intento de convertir la vida venezolana en un campo de concentración totalitario, un enfrentamiento entre concepciones claramente opuestas sobre Venezuela, sobre sus libertades, sobre cómo vivimos y nos relacionamos, nos educamos y trabajamos.
De ello deriva una lección eterna en el campo de la estrategia: debes conocer a tu adversario, y actuar en consecuencia. En palabras de Edmund Burke, el padre del pensamiento conservador anglosajón: “el adversario debe ser juzgado, no por lo que nosotros somos, o por lo que deseamos que él sea, sino por lo que sabemos que él realmente es”.
Hugo Chávez es un tirano. Por si acaso, veamos qué nos dice el DRAE: 1. “Aplícase a quien obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, y principalmente al que lo rige sin justicia y a medida de su voluntad.” 2. “Dícese del que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario.”
Chávez no es mi compatriota. Ni lo es suyo, amigo lector. Es imposible reconocerlo como tal.
Como nos recuerda el poeta ruso, Premio Nobel de Literatura, Joseph Brodsky, al comienzo de un ensayo titulado “Sobre la Tiranía”: “tal vez la enfermedad y la muerte sean las únicas cosas que un tirano tiene en común con sus súbditos”. Hugo Chávez no es un “autócrata” más, un militar felón y golpista, como muchos otros en la historia venezolana o de América Latina. Es un adversario mucho más peligroso.
Para el tirano Chávez, los venezolanos no somos ciudadanos, somos meros súbditos. Luego de diez años de destrucción nacional importa cada día menos que haya llegado al poder por una vía, la electoral, que él y sus agentes en el Consejo Electoral cada vez han degradado más. Su legitimidad electoral de origen, ha sido barrida por sus acciones tiránicas.
Venezuela, hoy, no puede ser considerada una democracia o, en otras palabras, debe reconocerse que no es lo mismo un gobierno democrático, que un gobierno electo por métodos democráticos.
Lo cual nos lleva a la siguiente observación obvia: tanto el juez como el árbitro son absolutamente parciales. La banda de Tibisay Lucena y demás malandrines del Consejo Nacional Electoral no va a ser cogida por sorpresa como el pasado noviembre. Esta vez van a intentar todas las marramucias posibles, como está sucediendo ya con la elección de los miembros de mesa. La oposición debe ir preparada para el peor escenario en las mesas, porque el gobierno no va a dar tregua.
Otro hecho importante: la campaña, al no ser meramente electoral, o simplemente proselitista, es más de calle que nunca. Debe desplegarse a lo largo y ancho de la patria un movimiento nacional constante, de rechazo a la tiranía. Hay que calentar la calle, pero en serio. Olvidémonos por un tiempo de la guachafita, de la musiquita sabrosa, de la jodedera caribeña. La vaina es en serio.
Un dato clarificador: en Venezuela pasa, al menos una vez a la semana, un hecho social, político, o económico, que en muchos otros países, incluso vecinos, implicaría la caída del gobierno por la reacción popular. Ya es hora de que algunos líderes opositores empiecen a crearle problemas al gobierno.
Es comprensible que mucho venezolano de a pie, castigado permanentemente por la carestía de bienes, por el alza del costo de la vida, por la guerra sin descanso que la criminalidad le ha decretado con la anuencia del gobierno, porque no hay viviendas, o por el colapso de la salud, de algún modo se haya vuelto inmune, encerrado en su tragedia diaria, incapaz de una reacción más cívica, más rotunda, frente al desastre.
Pero en el liderazgo opositor, si pretende ser realmente “político”, esto no puede seguir pasando. Salgan de una buena vez de las casas de los partidos, y acompañen al pueblo en su protesta que es diaria, y como muestran los diversos medios, sucede en toda la geografía nacional.
Porque allí está precisamente el deber de la oposición: iluminar las verdades, señalar las injusticias, mostrar alternativas y, además, no solo hablar, sino actuar. Y cuando el pueblo protesta, estar allí a su lado.
Necesitamos partidos, fuertes y vigorosos, con líderes que estén a la altura de los tiempos. Churchill, Adenauer, o en el patio local, un Betancourt, eran mucho más que simples jefes de partido. Eran conductores y guías de su nación, especialmente en momentos de peligro, como los que vive Venezuela hoy.
En política, incluso más que en la vida, quien calla otorga. ¿Qué puede pensar la gente de unos opositores que han aceptado en el pasado, por omisión, otras violaciones a la Constitución por parte de Chávez y sus secuaces? A algunos opositores parece que les fastidia tener que salir de su pequeño mundo partidista, del cuadre de compañeros en lo interno, de conseguir los voticos para ser candidato a alcalde o gobernador.
Para citar un único ejemplo: han pasado por debajo de la mesa política las nuevas denuncias hechas por especialistas sobre una auténtica traición a la patria de parte de Chávez en materia de fronteras, donde la soberanía nacional está amenazada más que nunca. La oposición como si la cosa no fuera con ellos.
Otro ejemplo, esta vez de carne y hueso: la oposición se ha olvidado de Nixon Moreno, el joven dirigente estudiantil todavía encerrado en la Nunciatura, huyendo de la persecución del gobierno. ¿Cuántos venezolanos conocen este drama, que va más allá de cualquier afrenta democrática, que debería conmovernos en lo que conlleva de violación a los derechos humanos?
Es deber de la oposición darle prioridad a esta tragedia.
Una función principal de toda oposición, de informar, analizar y proponer alternativas, principalmente se hace, ya ha sido dicho muchas veces, en dos o tres programas de TV o de radio, y en varios periódicos.
Está claro que los opositores venezolanos sufrimos de eso que se llama “viewer cocooning” y que en criollo quiere decir que en este caldeado y polarizado ambiente nacional sólo vemos/oímos/leemos mensajes que refuerzan nuestro rechazo por esta desgracia de gobierno.
Pero es bueno que la oposición se entere que una mayoría del país –que sufre también su particular forma de viewer cocooning- necesita, sobre todo en una emergencia como la actual, que le lleguen los mensajes por vías directas, de acción de calle, sobre cuáles son las razones de la protesta, y las opciones de lucha.
La paciencia de la oposición parece que por fin está llegando a su límite. La del ciudadano común, hace rato que se perdió. Es hora, por ello, de que los opositores le pierdan el miedo al art. 350 de la Constitución. Ya varios y muy respetables académicos de ciencias políticas han dicho con claridad que no sólo es posible, sino incluso pareciera inevitable el llamado a la desobediencia civil.
Concluyo diciendo lo que creo resume estas líneas: la oposición tiene muchas razones para ir con optimismo relativo a las próximas elecciones. Pero para ello debe estar perfectamente claro de cuál es el ring de pelea, la catadura moral de los árbitros, quién es y cómo actúa el rival.
También, pasearse por lo siguiente: está claro que hay que ir a elecciones -si las hay- con todos los hierros, pero sin olvidar nunca cuál es objetivo fundamental: la salida más pronto que tarde del chavismo del poder.
Pero, por sobre todo, no olvidar que hay un inmenso pueblo desesperado, que espera de parte de las zonas democráticas un mensaje alternativo, y una acción y reacción contundentemente apropiadas a la clase de injusticia que está padeciendo.
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