Alberto Müller
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Los niños asesinados en el remolcador - 2008/07/14 14:35
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¡En el fondo del mar quedan los restos de los niños y de los adultos asesinados, como faros luminosos para preservar la memoria histórica! ___________________________________________________________________ El día que la dictadura castrista tenga un impulso sincero de rectificación y de apertura hacia un proceso de reconciliación nacional y de liberalización, lo primero que tendrían que hacer los personeros del régimen, es pedir perdón por el crimen del Remolcador 13 de marzo, donde murieron producto de la agresividad oficial, 37 cubanos, de los cuales 10 eran niños.
Como un karma desdichado, la isla cubana parece destinada a crímenes colectivos imborrables, como el del remolcador, que recuerda aquel momento de horror ordenado por Stalin en el poblado de Katyn, cuando asesinó en masa a los inocentes prisioneros polacos en 1940.
Igual que la historia cubana registra el fusilamiento a los estudiantes de medicina en 1871, un crimen harto conocido del autoritarismo español, el hundimiento del Remolcador 13 de marzo, en julio de 1994, se inscribe con trazos imperecederos de sangre infantil, como un crimen horrendo del autoritarismo castrista.
Aquella madrugada del 13 de julio, a bordo de un viejo remolcador, un grupo de cubanos con sus familiares e hijos, intentaban huir de Cuba en busca de la libertad. Una meta simple y entendible para todos los cubanos.
Pero las intenciones del régimen castrista fueron otras y envió inmediatamente a tres barcos de su marina mercante, los Polargos, con el objetivo de que hundieran al remolcador.
Los bandazos y los chorros de agua de los tres barcos castristas de la Marina Mercante lograron inicialmente partir la estructura del remolcador en fuga y que los pasajeros fueran cayendo al agua, como castigo por el atrevimiento de pretender huir hacia la libertad. Finalmente, mientras el Remolcador 13 de marzo lograba alejarse a unas siete millas del puerto habanero, uno de los barcos mercantes, el Polargos 5, logró hundirlo en su totalidad, con una embestida final de característica brutal.
El remolcador zozobró y se fue a pique hasta las más oscuras profundidades. Muy cerca de la escena dramática, los guardacostas cubanos con sus tropas guarda fronteras, rodeaban la escena del hundimiento con una frialdad asesina escalofriante.
Observaban, pero no hicieron nada para impedir el crimen y ni siquiera se les ocurrió humanamente acercarse a la escena de los hechos para salvar a los niños y adultos que se ahogaban
Aquella madrugada del 13 de julio concluyó como un enfrentamiento entre la decencia pública en busca de la libertad y la imposición arbitraria del oficialismo castrista que no admite esas ansias de libertad.
Los tres barcos Polargos de la marina mercante castrista, que esperaban pacientemente porque todos los tripulantes se ahogaran, al percatarse que un barco griego se acercaba a la zona, decidieron rescatar a los 31 sobrevivientes, que habían logrado mantenerse a flote hasta ese momento.
En el fondo del mar, en tinieblas, yacen los cuerpos ahogados de los diez niños y de sus padres, mezclados con los hierros retorcidos de la embarcación partida en pedazos.
Un espectáculo dantesco convertido para siempre en índice acusador.
Se cumplen 14 años del hundimiento del remolcador 13 de marzo, pero lo más patético del crimen sigue siendo que los cuerpos de los 10 niños inocentes permanecen como testigos del crimen, desde el fondo del mar.
Uno de los sobrevivientes, Jorge A. García, que perdió en la tragedia a 14 de sus familiares, declaró que él vive a la sombra de los recuerdos, en espera de que algún día se haga justicia por el crimen.
Durante el fin de semana, el régimen castrista desplegó un operativo a nivel nacional, pero en especial en la ciudad de La Habana, para evitar que grupos de oposicionistas se acercaran al Malecón u otros puntos determinados en la isla, para honrar la memoria de los mártires del remolcador 13 de marzo. Descansen en paz, los niños y sus familiares que perdieron la vida con el hundimiento del remolcador en aquella fatídica e inolvidable madrugada del 13 de julio de 1994.
Dios, en su infinita misericordia, los bendiga a todos…
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