You may help this effort for democracy with your valued donation to offset the cost of maintaining this site and to assist us in our efforts in favor of democracy and human rights. Click on the button above to use PayPal. Or you may send a check to Participatory Democracy Cultural Initiative, Inc. Send a note to DemocraciaParticipativa.net with your commitment. INSTRUCCIONES
You must register for posting. It's free! Find the Login Form in the left column.
Debe registrarse para publicar en el "Login Form" de la izquierda. ¡Es gratis!
Iglesia y jerarquía - 2008/07/04 07:21Iglesia y jerarquía Yaxys Cires Dib, Madrid
La historia suele ser vista en clave de poder. Se cuentan las grandes batallas, las hazañas de los mártires, las revoluciones y lo que han dicho los más encumbrados intelectuales y audaces estrategas. La vida vista y contada en función de lo que a nuestros ojos es grande, dejando poco espacio para recordar lo que vive la gente de a pie, casi siempre alejada de los medios de comunicación y de los quehaceres de "analistas" y "tertulianos" que hoy pululan.
Sólo en esta lógica o forma de interpretar la realidad encuentran asidero los duros comentarios que sobre la Iglesia Católica cubana se vierten constantemente, principalmente desde el exilio.
No pretendo desviar la atención o minimizar la responsabilidad de quien, ejerciendo su derecho a expresarse libremente —vedado para la mayoría de los cubanos—, ha dicho cosas que, como mínimo, han provocado desconcierto. De hecho, queda por aclarar si las personas seremos juzgadas ante Dios por nuestras intenciones o nuestros actos. Dicho de otra manera, me pregunto si sólo bastará con justificar que nuestro deseo fue altruista para poder ser digno de la admiración de otros.
Injusto reduccionismo
La actuación de determinadas personalidades eclesiásticas ciertamente puede causar disgustos entre los fieles, e incluso, en supuestos graves —no frecuentes en Cuba—, podrían lacerar la imagen de la Iglesia. Sin embargo, no es comprensible que la labor de una institución integrada por miles de personas, marcada por una rica diversidad y con un historial de servicio tan sólido en nuestra patria, sea juzgada teniendo en cuenta solamente los hechos y actitudes de sus más "conocidos" miembros, que, como personas, pueden tener aciertos y desaciertos.
Ello constituye un injusto reduccionismo que lesiona la única institución presente en todos los pueblos de la Isla y con una preocupación real por los ciudadanos. Independientemente de las motivaciones de los críticos, dicha simplificación seguramente alegra a quien en realidad es la causa de nuestros males, entre ellos, del daño antropológico, porque conoce perfectamente el actuar e influjo positivos de la Iglesia entre nuestros compatriotas, opuesta de facto a las causas de nuestra aciaga situación.
Si tenemos que destacar la labor de alguien al servicio de los ciudadanos cubanos, es la de la Iglesia. En las duras y en las maduras ha estado cercana a la gente más pobre. Con un incalculable esfuerzo ha mantenido abiertos cientos de comedores para ancianos y decenas de farmacias.
Las oficinas de Cáritas han procurado que cada persona que pase por ellas no se vaya nunca con las manos vacías, a pesar de las dificultades que el gobierno ha puesto permanentemente para adquirir —comprados e incluso procedentes de donaciones— los alimentos que se reparten.
Un lugar meritorio tiene la pastoral de la salud, que lleva un mensaje de aliento espiritual a tantos enfermos, principalmente los ancianos. Pero no sólo en este campo la Iglesia lo entrega todo en Cuba, también preocupándose por la formación y la promoción humana. Tengamos presente, por ejemplo, los proyectos de educación en valores de las monjitas en diversos barrios de la ciudad de Pinar del Río y los cursos en las comunidades de base.
Hablar más
Si pasamos a otras sensibles realidades, ¿acaso no hay sacerdotes que van a las cárceles a visitar a prisioneros políticos y que en sus comunidades rezan por ellos y para que en Cuba haya respeto a las libertades?
Lo que sucede es que de estas cosas se habla muy poco. Hay que sentarse con la gente común para enterarse de la labor de los sacerdotes, religiosas y laicos cubanos. No dudo que, en honor a esa entrega sacrificada, los propios opositores cubanos de dentro profesan un claro respeto a la Iglesia, incluyendo su jerarquía.
Es interesante escuchar también las opiniones tan positivas y el alto nivel de agradecimiento hacia la Iglesia por parte de responsables de muchas organizaciones europeas, entre ellas las que ayudan a la disidencia o a diferentes proyectos sociales. Conmueve el respeto con que visitantes amigos se refieren a los sacerdotes que atienden las obras asistenciales en los barrios marginales de La Habana y a la pulcritud con que manejan los recursos destinados para dichos servicios, lo que no está de moda hoy en diversos lugares.
Por otro lado, aunque la Iglesia, por razones obvias, no es partidaria de pregonar todo lo que hace, sí tiene que ampliar sus canales de comunicación, principalmente con la diáspora, y en especial con los medios de comunicación que tratan temas nacionales. Además, es conveniente que no sean siempre las mismas caras, entre otras razones, porque ello no se corresponde con la realidad de una Iglesia activa y en constante renovación.
Asimismo, esa estrategia de comunicación debería tener como uno de sus principales puntos dejar a un lado la imagen distorsionada que algunas autoridades tienen sobre determinados medios de comunicación que, lejos de ser laicistas y siendo firmes en su pluralismo informativo, sienten gran respeto por la Iglesia, lo cual se evidencia en el trato que se da a las noticias relacionadas con ella.
Mucho podemos decir sobre lo que hace la Iglesia, y los cubanos agradecidos lo reconocen. El reto de todos, fieles y jerarcas, consiste en defender las cosas positivas que se hacen y no entrar en la dinámica de la "alta política", de la cual muy pocas veces se sale bien parado; máxime teniendo enfrente a personas y estructuras cuya dinámica no tiene ni una pizca de sintonía con lo que la Iglesia defiende. Y que, además, no vacilarán en exigirle, si es necesario, que, como Saturno, termine devorando a algunos de sus hijos.
Todos podemos hacerle mucho bien a la Iglesia, pero también mucho daño. Mirando sólo los errores de la jerarquía, o de sus más connotados miembros, e identificándolos con la obra de la Iglesia en Cuba, que, aunque humana y seguramente errada en alguna ocasión, podemos considerar como magna, es muy sencillo pecar de ingenuo o radical. Esto no es aconsejable.
En primer lugar, porque haciéndole daño a la Iglesia, se lo hacemos a la sociedad y a los conciudadanos. En segundo, porque muy pocos de los que hoy actúan como talibanes de la palabra, podrían lanzar la primera piedra.
| | The administrator has disabled public write access.
Elena Blanco
User
Posts: 88
Re:Iglesia y jerarquía - 2008/07/04 18:29Sin lugar a dudas este es un tema sensible. Iglesia somos los que compartimos la misma Fe Católica y Jerarcas son las autoridades de la Institución, teniendo como cabeza al Vaticano y el Papa.
Para hablar con justicia es absolutamente necesario hacer una separación entre Iglesia y sus jerarcas. Los jerarcas cuando hacen un pronunciamiento lo basan en la sustentación de la permanencia de las normas, en la continuidad del orden establecido hace cientos de años y en la defensa de los cotos que siempre han existido.
Englobar a personalidades Brillantes, entregados a una labor arrojada por entero al prójimo, no se ajustaría a la realidad.
A medida que un sacerdote comienza a acumular títulos engrosa también una defensa mas puntual hacia el estamento eclesial, en la mayoría de los casos alejándolo del pueblo humilde, pobre y desasistido, por algo será que los Grandes no han gozado de cargos dentro de la organización y como en el caso de Padre Pío, ha sido "crucificado" por las autoridades de nuestra Iglesia, con este personaje tan Grande no pudieron los jerarcas ya que el pueblo, testigo de la Divinidad del Padre Pío, lo mantuvo siempre presente y a la órden a la cual pertenecía no le quedó de otra sino concederle seguir ejerciendo su magisterio sacerdotal.
Un poco mas atrás en la historia de la persecución de los Alemanes, un sacerdote cuyo nombre se me escapa ahora, ayudó a salir de Italia a un inmenso grupo de judíos.
Hay sin duda alguna casos aislados prominentes que merecen subir a los altares y ser Beatificados todos, pero son eso, personalidades individuales y altruistas, no todos los sacerdotes viven dando ese ejemplo.
Por otro lado las autoridades del Vaticano, en momentos difíciles del acontencer Internacional han mantenido una solapada ayuda a causas poco nobles, con su optado silencio o viven de espaldas a la realidad moderna con normas que no hay modo de que se quieran revisar, ya que el contexto actual dista mucho del existente cuando era necesario implementarlas. La obstinación de la prohibición del control de la natalidad trae atraso a los pueblos que viven y respetan los cánones Católicos.
Recientemente se ha permitido el empleo del condón para evitar el contagio del VIH cuando uno de la pareja esté contagiado, pero no para evitar un embarazo, será que es mas Cristiano traer hijos al mundo sin tener cómo mantenerles dignamente, que evitarlos?. Esta norma hace que quienes tengan 2 dedos de frente, pero una Fe respetuosa vivan de un modo y prediquen otra cosa, no le veo el beneficio de tener que mentir al que nos promete la visa eterna.
Por otro lado cuando las parejas se separan, las normas de la Iglesia dictaminan que ambos están condenados a no volver a tomar la comunión, SALVO que se tenga el poder Económico y Mediático de Julio Iglesias o Carolina de Mónaco, en cuyos casos se les concede la nulidad eclesiástica y pueden volver a contraer nupcias, aún cuando su esposo (a) original ante Dios, esté con vida.
Carolina de Mónaco para obtener su nulidad concedida por la "Santa Rotta" alegó errores de juventud, todos los que nos divorciamos legalmente querríamos alegar lo mismo y vernos libres de volver a jurar Amor eterno frente a un altar.
Los hijos del vecino no tenemos el derecho de tener una segunda oportunidad.
Moraleja: Por un camino van la instituciones y por otro sendero las acciones humanitarias y desprendidas de algunas personas verdaderamente entregadas al Ministerio del Sacerdocio o de alguna congregación de Religiosas. La Institución condena la Mentira, pero nos enseñan a vivir mintiendo.
| | The administrator has disabled public write access.
Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
Posts: 323
Re:Iglesia y jerarquía - 2008/07/04 19:35Siempre defiendo a la Iglesia de las generalizaciones que se traducen en ataques injustos y mal intencionados. Sobre todo cuando se trata de desvirtuarla y descalificarla con base en el comportamiento de ciertos elementos de la Jerarquía eclesiástica a la que se le ha encomendado el papel de guía espiritual de la grey católica. Esos ataques con frecuencia son producto de la ignorancia de quienes no comprenden que al hablar de “Iglesia” estamos refiriéndonos a todos los feligreses y creyentes, y no a los templos ni a sus sacerdotes y funcionarios.
Pero incluso dentro de esa jerarquía eclesiástica coincido plenamente con Yaxys en el sentido de que en nuestros días la abrumadora mayoría de quienes dirigen y/o sirven a la institución mundial son personas abnegadas, devotas y dedicadas de cuerpo y alma al bien de la humanidad.
Empero, abundando en el enfoque de Elena, esa verdad no obsta para hacer fuertes críticas a destacados sectores de la jerarquía eclesiástica cubana y a quienes desde el Vaticano les hacen el juego.
Por tanto, es legítimo criticar la actitud complaciente del Cardenal Ortega o las declaraciones asombrosas de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. También aclarar –si fuera posible– las imprecisiones de una declaración de Juan Pablo II sobre el Ché Guevara.
Cuando Juan Pablo II viajaba hacia Cuba, un periodista le preguntó: “¿Qué opina Su Santidad sobre el Ché?” Después reportó que la respuesta había sido: «No lo conozco a fondo, pero sé que se preocupó por los pobres. Consecuentemente, merece mi respeto».
La efectividad propagandística de los medios que divulgaron esta respuesta para favorecer al règimen cubano, se manifiesta en una reciente encuesta callejera de un canal de televisión de Lima sobre la figura y la imagen de Cristo. Cuando preguntaron a una muchacha de unos veinte años qué opinaba de Cristo, respondió: “Cristo fue un gran hombre. Luchó siempre por los pobres. Más o menos, como el Che”.
La eficacia proverbial de la propaganda no nos causaría sorpresa si no llegara a obnubilar también la opinión de nuestro inefable Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, descendiente del Padre de la Patria (lleva su nombre), quien ha sido testigo de los abusos y desmanes del régimen de los hermanos Castro durante 50 años y quien no sólo cita esa entrevista a Juan Pablo II en un artículo publicado en la prensa oficialista cubana sino que proclama su “admiración entrañable” por el Ché y hace todo un enaltecedor panegírico del “guerrillero heroico”.
Es curioso que nunca se haya hecho una aclaración a la extraña respuesta del Papa a aquel periodista, quien tampoco ofreció nunca una grabación. No obstante, un testigo presencial dijo en privado a un amigo de Radio Vaticano que el periodista había sazonado su pregunta con un preámbulo sobre "la preocupación del Ché por los pobres", y que la respuesta de Juan Pablo II fue ligeramente distinta: «No lo conozco a fondo. Pero si se preocupó por los pobres, consecuentemente merecería mi respeto.» En otras palabras, la respuesta diplomática, mesurada y condicional que podría esperarse del Sumo Pontífice.
Es imposible probar cuál será la versión correcta, pero ésta es mucho más plausible que el texto promovido por aquel periodista.
En cuanto a Mons. de Céspedes, baste recordarle que durante los primeros seis meses de 1959 Guevara fue comandante de la prisión de La Cabaña, donde inauguró el tristemente célebre “paredón” de La Cabaña, que continuó segando las vidas de miles de cubanos durante años. Como miembro de la juventud católica de entonces, me consta el sacrificio y el martirio de muchos de mis compañeros a manos del régimen, pese a que la mayoría de nosotros habíamos apoyado con entusiasmo el triunfo de la Revolución.
Según cuenta Armando Valladares, un testigo presencial, “en 1961, los prisioneros políticos oíamos todas las noches descargas de fusilamientos sumarios, entre cuyas víctimas había jóvenes mártires católicos que morían gritando «¡Viva Cristo Rey! ¡Abajo el comunismo!»”. Otro testigo presencial me ha relatado el desprecio con que trataba a los prisioneros y cómo dictaminaba su muerte desde el momento de traerlos a su presencia, sin esperar por juicio alguno. Una madre contaba en una reunión a la que asistí que fue a pedirle clemencia con un amigo que logró llevarla hasta el despacho del Ché, quien prometió que le resolvería el problema esa misma noche. El hijo fue fusilado en la madrugada. Otros testigos presenciales afirman que solía complacerse en darles el “tiro de gracia” a los fusilados.
No existe un solo testigo presencial de la “preocupación” del Ché por los pobres, ni de su generosidad con los necesitados ni de alguna política promovida desde su posición de poder para aliviar su situación. Mucho menos que alguna vez haya sido misericordioso o haya perdonado a algún reo, al menos por la posibilidad de que el acusado fuera inocente.
Ese es el Ché auténtico que no figura en el mito. El Ché que el Papa no conocía a fondo. El Ché por quién Mons. de Céspedes profesa una "admiración entrañable".
| | The administrator has disabled public write access.
Ernesto Ortiz Hdez.
Admin
Posts: 48
Re:Iglesia y jerarquía - 2008/07/06 08:41Es lógico que, por motivos que podrían llamarse “pedagógicos” se separe a “las ovejas” de los “pastores”, además de por motivos que pudiéramos llamar “administrativos”. Pero hay que tener cuidado con mantener esa separación en otros órdenes en el catolicismo (y en el resto de los cristianismos, donde el “jefe Supremo”, por así decir, es un simple carpintero). Pueden cometerse errores de bulto, teológicamente hablando, por no decir injusticias tremendas.
Elena mantiene y da por establecida esta separación cuando se trata de “justicia”: los cristianos “Brillantes” o “Grandes” por un lado, viviendo en la verdad, y los “Jerarcas” por el otro, enseñando a mentir. Convendría repasar un poco la historia de la Iglesia, suficientemente repleta de santos y pecadores de todos los colores y estamentos, para saber que tal separación es insostenible, incluso si uno se aferra a lo que llama “casos aislados”.
Yo me atrevería también a llamar “Grandes” a Juan XXIII o a Juan Pablo II, que alcanzaron los mayores “títulos” que alguien dedicado a estos menesteres pueda desear, o al Cardenal Van Thuan, mártir de las prisiones vietnamitas, o al Arzobispo de San Salvador, Mons. Arnulfo Romero, asesinado ante el altar mientras oficiaba la Santa Misa, o, para acercarme a mi experiencia más entrañable, a Mons. José Siro, Obispo Emérito de Pinar del Río, Cuba, que ha mantenido viva la esperanza de tantos fieles amordazados por el totalitarismo comunista, o al Padre Manolo, Manuel Hilario de Céspedes y García-Menocal (sí, hermano del mencionado Carlos Manuel de Céspedes), actual Obispo de Matanzas, personas humildes y entregadas al servicio de sus prójimo y de su patria, pero (seguramente por ello) exigentes y comprometidas con las expresiones de su fe. Para mí, todos ellos, y muchos más, a pesar de ser “Jerarcas”, son una firme inspiración y un vivo sostén para la fe que profeso y quiero profesar; y conste que soy un católico poco ejemplar donde los haya.
Sin embargo, a pesar de ese error de partida, y aunque se alejen del motivo inicial de esta polémica (el rifirrafe sobre el artículo que escribió Mons. De Céspedes, sobre su parece ser que admirado aunque también desconocido “mítico” Ché Guevara) me parece suficientemente justa, elocuente y lógica la reacción de Elena ante los casos que apunta (no sé si será así como lo cuenta, pero de cualquier forma podemos suponer que algo de eso habrá hasta que alguien más informado nos lo aclare).
Para mí, el Sacramento del Matrimonio es uno de los más difíciles de calibrar, aunque veo que la gente se lo toma con muchísimo entusiasmo. Hasta donde lo he podido entender, es sumamente bello, en su mística y su tradición, y de ser vivido como se supone sin dudas ayuda a garantizar una vida familiar estable y feliz. El problema es que es un sacramento que implica a otro, a alguien bien concreto, que también se compromete a cumplir esa entrega recíproca y total. Compromiso; una palabra extraña a nosotros, hombres y mujeres de este siglo, que ya es difícil de asumir uno solito, así que compartido…
Por otro lado, la Iglesia (no me refiero sólo a la Jerarquía, Elena) debe modificar algunos puntos de vista morales relacionados con la sexualidad (recordemos que muchos padres conciliares se empeñaban en distinguir, hasta donde era posible, la moralidad de la esencia del mensaje evangélico, y que estamos muy influidos por cierta patrística agustiniana). En esa visión que tenemos de nosotros mismos como católicos, de la “manera adecuada al Evangelio” en que deberíamos actuar no hay respuesta para todos los casos, o es difícil de encontrar; y posiblemente esa no sea una mala noticia. Nosotros mismos somos muchas veces muy ignorantes de los documentos de la Iglesia, y nos creemos obligados ante la opinión del cura del pueblo (que sostiene algo oficialmente preconciliar como que el fin último del matrimonio es la procreación, digamos) o la de la mayoría de los medios de comunicación, que pregonan un nihilismo excesivo y que han hecho del tema del “preservativo” un asunto aparentemente capital, cuando no lo es en absoluto: sí lo es la “sexualidad responsable”, que implica que me preocupe por el placer de mi pareja, y que explica también que los voceros eclesiales sean cautos a la hora de promover el preservativo, cuando no renegados (por poner dos ejemplos).
A primera vista, encuentro tan engorroso y burocrático el asunto de la nulidad de los matrimonios católicos que no me extraña que hayan multiplicado las heridas a quienes se han visto implicados en ello, máxime cuando puede haber conocimiento de hechos como los que menciona Elena. Pero es un problema complejo (el del matrimonio, y el de los divorcios) al que, digamos de paso, la propia sociedad actual viene dando una respuesta, a mi entender, muchísimo más equivocada.
| | The administrator has disabled public write access.