Marcos Villasmil
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Y LO MANDAMOS A CALLAR... - 2007/12/03 11:13
Y LO MANDAMOS A CALLAR…
Hace tres semanas le dio la vuelta al mundo el video en el cual se muestra al Rey de España, Juan Carlos I, mandando a callar al Bocón Mayor, Hugo Chávez, durante una de las reuniones plenarias de la última Cumbre Iberoamericana.
Gracias a ello, el mundo pudo ver una pequeña dosis del veneno que, diariamente, en obligante cadena nacional, nos ofrece Hugo Chávez a todos los venezolanos. Chávez no solo habla y habla –ya rompió todos los récords, incluso los del longevo Fidel Castro- sino que no se recuerda una sola intervención suya –no es exageración- en la cual no tuviera palabras insultantes contra alguien -cualquier persona o institución que simplemente ejerciera el normal derecho democrático de opinar algo que a Chávez no le cayera bien o lo contradijera.
Las formas de agresión de un jefe de Estado no son sólo tanques o cañones, en especial si todas las instituciones del Estado están bajo su control directo, y se posee como músculo de apoyo la experiencia del G2 cubano. Las palabras de un presidente pueden servir de magisterio, pueden ser una forma de pedagogía social o, como es el caso que nos ocupa, ser la antesala de un infierno lleno de odio. El universo de Hugo Chávez no conoce la palabra tolerancia.
El domingo 2/12 se realizó un nuevo hecho electoral, donde se decidía el destino en libertad o en cautiverio del pueblo venezolano. Y el Bravo Pueblo, como dice la letra de nuestro himno, habló y mandó a callar al aspirante a monarca, convertido de nuevo gracias al voto en un mero presidente de un Estado al menos en teoría republicano, y no una monarquía socialista.
¿Quiénes fueron los ganadores? El pueblo, que desea que cesen los odios, los enfrentamientos y el estilo apocalíptico de Chávez; la democracia, como modelo de vida política que privilegia la diversidad y el pluralismo. ¿Los perdedores? En primerísimo lugar, Chávez y Fidel Castro, con su propuesta de socialismo del siglo XXI, una copia del modelo fidelista-cubano de gobierno. Pierden asimismo los otros proponentes de la reforma, los avispadamente sumisos miembros de la Asamblea Nacional. Last but not least, pierde el templo electoral chavista, el CNE, que trató de hacer una de sus acostumbradas triquiñuelas, pero no pudo frente a la voluntad de una oposición ¡por fin! preparada a reaccionar ante cualquier irregularidad que se intentara. Dos cosas que difícilmente se sabrán con certeza son: en primer lugar, cuál fue el resultado real, ante la ausencia de testigos opositores en la sala de totalización del CNE, y por la muy comentada presión que al parecer tuvo que ejercer la oposición ante el gobierno para que Chávez aceptara la derrota, y la negociación subsiguiente; y dos, cuántos lexotaniles y valiums le tuvieron que dar a Chávez en la noche del domingo, para convencerlo de reconocer la victoria opositora –a lo cual se oponía obstinadamente- y permitiera a sus mandarines del CNE que dieran el resultado ya conocido urbi et orbi.
Sin duda alguna, los principales actores y autores de la victoria son nuestros jóvenes, nuestros estudiantes que, comenzando la lucha por la libertad de expresión ante el cierre de RCTV hace seis meses, se posesionaron de la calle y no la abandonaron nunca, en defensa de su derecho a vivir en libertad y en paz.
En la acera nuestra, son indudablemente derrotados los cultores de la abstención como única vía de oposición al régimen, y su líder de estas últimas semanas, Herman Escarrá. Este señor, que ya agotó sus quince minutos de fama, al menos le fue útil como excusa a los venezolanos que ante esta hora de urgencia nacional, se arroparon bajo el argumento de la abstención para no posponer el prioritario viaje al exterior, preferiblemente a Miami, New York y Orlando, que es meritoria labor de patria –como bien se sabe- gastar los cupos de los dólares de Cadivi. Pero si bien no es hora de jurungar actitudes dentro de nuestro campo, tampoco lo es de olvidar que la abstención castigó a todos, chavistas y demócratas. Y es que la vaina no fue fácil. A comienzos de la tarde, la incertidumbre reinaba, ya que la abstención galopaba incontrolada. Apenas comenzar a conocerse resultados de actas, y verse que en las zonas tradicionalmente chavistas la ausencia de votantes había sido pavorosa, el alma volvió al cuerpo opositor, y ya a las 6-7 de la tarde, el triunfo se presentía cerca. Todos nos preguntábamos entonces, si las máquinas electrónicas de votación se justifican por la rapidez con la cual transmiten resultados, ¿por qué el CNE no los daba? Y claro, como ya dijimos arriba, era porque Chávez no lo permitía, pataleando por horas hasta que finalmente se rindió ante los hechos.
Hoy, alegres como estamos por la victoria, debemos reconocer que este es el primer paso de una lucha democrática que solo cesará cuando Chávez y su banda abandonen el poder. Además, el resultado muestra una vez más que los venezolanos seguimos divididos en dos toletes, aunque el campo opositor sea mayoría clara. Los líderes del bloque del NO en un gesto republicano y muy venezolano, tendieron la mano del diálogo y la reconciliación; más allá de sus palabras aceptando la victoria del NO, podemos estar seguros que Chávez muy pronto volverá a sus acostumbradas maneras insultantemente autoritarias. Ya advirtió que no cejará en sus intenciones de implantar su modelo, a pesar de reconocer que, entre el resultado de las presidenciales hace un año y el referendo del 2, perdió nada menos que tres millones de votos. Quedó muy bien por cierto el discurso post-mortem del general Baduel, advirtiendo que debemos estar alertas para impedir que se nos intente meter gato por liebre en especial con el uso de las Leyes Habilitantes, otorgadas a Chávez por su complaciente parlamento. No hay que olvidar que nos enfrentamos a un militar autócrata que no posee pueblo sino masa; que no tiene a su lado intelectuales sino adulantes; que no se rodea de tecnócratas sino de asaltantes del erario público. El movimiento de Chávez no posee una sola victoria que destacar en el frente estudiantil, obrero o profesional; eso sí, le sobra dinero petrolero para intentar comprar conciencias de una masa empobrecida, envilecida y engañada. Pero el domingo ni siquiera por eso el barinés pudo obtener el cheque en blanco autoritario que su ego desbocado exigía.
Hace tres semanas Juan Carlos I evidentemente perdió la paciencia. En ese trance estamos, cada día que pasa, más y más venezolanos, ahora que la careta autoritaria se le cayó al autócrata militar con su desafortunado proyecto de reforma. Por fin el número de opositores pudo superar a la odiosa maquinaria ventajista (gracias al CNE) y clientelista (gracias al dinero petrolero) que el chavismo ha construido en estos años en el poder. El 2 de diciembre se demostró que por la vía electoral sí se puede mandar a callar al nefasto Hugo Chávez. A pesar de los alaridos histéricos de Fidel y Chávez hace pocos días, anunciando una vez más magnicidios y golpes imperialistas, los venezolanos derrotamos a Chávez y a Fidel con votos, no con balas.
El estallido de alegría de millones de venezolanos el lunes en la madrugada puede resumirse en uno de los lemas usados en sus marchas por nuestros jóvenes, auténticos héroes de esta histórica jornada: -¿Quiénes somos? Estudiantes. ¿Qué queremos? Libertad.
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