Gerardo E. Martínez-Solanas
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Una cuestión de Supervivencia - 2007/08/14 15:51
Un acuerdo de desarme nuclear completo entre las cinco Grandes Potencias, o suficientemente amplio para que las pocas ojivas que queden se limitaran a ser un medio creíble de disuasión, les daría la entereza moral suficiente para tomar un curso de acción agresivo contra las potencias nucleares nacientes que violan el Tratado de No Proliferación –o no lo ratifican– y someten a la humanidad a un peligro cada vez mayor de una guerra asoladora.
India, Pakistán, Israel, Irán, Corea del Norte y hasta quizás Brasil y Sudáfrica podrían contar en pocos años con arsenales suficientes para amenazar también la supervivencia de nuestra civilización. La falta de acciones drásticas y coordinadas para evitarlo y la ausencia de voluntad política para el desarme nuclear por parte de las cinco Grandes Potencias que controlan el Consejo de Seguridad impiden un curso firme para detener esta proliferación. Apenas se ha logrado abortar los propósitos nucleares del Iraq mediante una guerra impopular e indecisa y aplazar los de Corea del Norte a cambio de generosas concesiones que sirven, además, para consolidar su régimen totalitario de terror.
Las experiencias de India y Pakistán demuestran que la proliferación se nutre de rivalidades, pero también puede ser consecuencia del miedo a países vecinos agresivos, como sucede con Israel. Ante la realidad del Irán o Corea del Norte con armas nucleares, Japón, Arabia Saudita y Egipto, entre otros, así como también algunos países europeos que ya dominan esa tecnología, podrían estimar necesario para su seguridad ingresar al club atómico. De esta forma, pronto se esparcirían estas armas por todas partes.
Prueba de ello son las extrañas negociaciones –cifradas en más de US$2 mil millones– que sostiene Chávez con sus homólogos iraníes para importar tecnología nuclear a Venezuela, un país al que le sobra el petróleo, hasta el punto que su gobernante lo “regala” con propósitos de penetración ideológica y política en la región iberoamericana. En otras palabras, se trata de dos países que no necesitan energía nuclear para fines pacíficos.
Otro indicio ominoso fueron las visitas de Raúl Castro a China y Corea del Norte en 2005 y 2006, y los viajes a Cuba del Mariscal norcoreano Kim Yong Chun, expresamente para “supervisar” con Raúl las nuevas instalaciones de la Unión de Industrias Militares que, según Granma informó en noviembre de 2005, “servirían como plantas de ensamblaje de armas”.
Por esos mismos días Irán manifestó públicamente su satisfacción por el apoyo de Cuba y Venezuela a su programa nuclear y muy pronto envió al presidente del Parlamento, Golán Ali Haddad, a firmar nuevos acuerdos con Chávez sobre esta cooperación. Últimamente Irán aparenta ceder ante la presión internacional para iniciar el rejuego de la visita de inspectores internacionales y ganar tiempo, pero sin renunciar a sus propósitos.
El panorama es ominoso y atañe a nuestra supervivencia. Se requieren acciones drásticas y transparentes de desarme nuclear que justifiquen la intervención forzosa de las Grandes Potencias –para proteger su propia seguridad– en los planes de proliferación de otros países, si fuera necesario mediante la intervención militar como mandato del Capítulo VII de la Carta de la ONU. Para esto habría que organizar una fuerza multinacional permanente, de conformidad con el Artículo 43 de la Carta, con un mandato expreso y NO sujeto al veto –apoyado en los Artículos 39 a 41– de desarme nuclear forzoso y de no proliferación obligatoria.
En reconocimiento de que el desarme nuclear no garantiza que estas armas no se fabriquen en el futuro, podrían quedar en distintos puntos estratégicos del planeta unas pocas de ellas bajo el control de las fuerzas de paz y el mandato del Consejo de Seguridad como elemento disuasorio de cualquier trasgresor.
Cuando se trata de armas nucleares NO hay países buenos ni malos. TODOS son peligrosos. TODOS son agresores potenciales. Cualquier otro razonamiento es espurio y peligrosamente devastador para la especie humana.
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