Gerardo E. Martínez-Solanas
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Tropezón lamentable de la democracia aplicada - 2005/06/01 13:48
Tropezón lamentable de la democracia aplicada
La democracia participativa ofrece dos recursos de consulta popular que permiten a los pueblos ser agentes determinantes en las decisiones públicas: el referendo y el plebiscito. Se diferencian en que el primero se entiende como una consulta sobre decisiones administrativas y a veces simplemente como una encuesta de opinión no vinculante. El segundo corresponde a la aprobación de leyes fundamentales, o cuestiones que afectan a la soberanía y la estructura política de una nación.
Europa está haciendo muy mal uso de ese estupendo recurso participativo que es el plebiscito, cuyo propósito no es reemplazar al Parlamento sino servir de instrumento alternativo para superar crisis de parálisis parlamentaria o conflictos de separación de poderes. En última instancia se puede utilizar para darle una mayor legitimidad a decisiones públicas extremadamente controversiales, donde una mayoría parlamentaria provocaría la inestabilidad nacional y una polarización nefasta de la opinión pública.
La Unión Europea viene marchando desde los primeros pasos del Mercado Común hacia una entidad multinacional de soberanía compartida. Una decisión tan fundamental como el ingreso a esa entidad, a la que se cede parte de la soberanía nacional, para convertir a cada nación en una especie de Estado confederado autónomo integrado voluntariamente al conglomerado supranacional, requiere un plebiscito para darle adecuada legitimidad. Así correspondía para el ingreso de los 25 Estados que ahora componen la Unión. En algunos casos, sin embargo, los países optaron por encomendar la decisión a medios parlamentarios.
Una vez tomada esta decisión democrática no es correcto utilizar ahora el medio plebiscitario a nivel local para resolver un asunto que afecta a todos los demás miembros, precisamente porque la opción plebiscitaria deben ejercerla TODOS los que sean afectados por sus resultados.
En este caso, se trata de la Constitución que debe regir a la Unión Europea. Es un instrumento indispensable que tiene que proclamarse con la aprobación y participación de todos los países que le ceden parte de su soberanía nacional. Por lo tanto, la aprobación de la Constitución, si hubiera de someterse a plebiscito tendría que ser a nivel continental y no al nivel local de los países miembros.
De lo contrario, debe ser una decisión parlamentaria, que es perfectamente legítima puesto que la tomarían los representantes electos por los pueblos afectados. En el caso de Francia, Holanda y otros países que han optado por someter la Constitución europea a plebiscitos locales, se subordina a intereses locales el interés global del conjunto de las naciones interesadas.
Por respeto a la democracia hay que aceptar las decisiones de los pueblos, pero en este caso, la única opción plebiscitaria legítima habría sido la de si el país interesado debía permanecer o no en la Unión Europea. Si la decisión popular es formar parte de la Unión, implica tomar decisiones en el futuro a nivel multinacional, sobre todo en un asunto tan indispensable como es la Constitución.
Al trastornar el proceso con un plebiscito a nivel local sobre una cuestión que afecta a otros de manera global, los pueblos que opten por el NO debieran asumir la responsabilidad de que ese NO representa de hecho una escisión que éticamente debiera obligar al país que tomara tal decisión a separarse de la Unión y dejar que ésta adopte su Constitución sin la interferencia de intereses locales. Si optaron por permanecer, optaron por una visión más amplia del interés común. Ya tuvieron abundantes oportunidades de manifestarse en el proceso de elaboración de la Constitución y, por lo tanto, debieron delegar decisiones de esta trascendencia en sus parlamentarios que los representan.
El daño está hecho y quizás las decisiones de unos pocos países obliguen a los demás a revisar y redactar de nuevo la Constitución continental con un texto más a gusto de los disidentes de última hora. Es probable que Europa opte por el camino tortuoso de una nueva constituyente con tal de no prescindir de miembros tan importantes. Pero será un proceso que parte de decisiones minoritarias que atentan contra el concepto democrático, que implica consenso y respeto mutuo. Es un comienzo lamentable para la democracia europea.
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