Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
| Posts: 299 |  |
|
Hungría Indómita - 2006/10/30 23:29
Han concluido dos semanas memorables en la historia de las luchas por la libertad. Las dos semanas del cincuentenario de la Revolución Húngara de 1956, con ecos que han estado reverberando durante estas últimas semanas en las calles y plazas de Budapest, no sólo por la oportuna conmemoración sino porque las masas populares han vuelto a desbordarse para pedir un cambio y exigir el saneamiento de la política y de su gobierno.
Está sucediendo medio siglo después que el 23 de octubre de 1956 estalló la Revolución Húngara, un arrollador levantamiento popular, bajo la dirección de Imre Nagy, que desplazó del poder en pocos días a la tiranía totalitaria, disolvió el Partido Comunista y proclamó una nueva democracia. No obstante, fue prontamente aplastada por los tanques soviéticos y por la feroz represión que azotó al país a partir del 4 de noviembre. Esos hechos heroicos se anticiparon 33 años a la caída del Imperio Soviético y fueron una clarinada que anunciaba los vientos de cambio que acabarían por prevalecer en nuestros días en ese atribulado país.
En el proceso del derrumbe del comunismo internacional, Hungría volvió a desempeñar un papel de vanguardia. Desde 1987 se percibía ya la efervescencia que conduciría a la inusitada decisión parlamentaria el 20 de octubre de 1989 de restaurar el pluripartidismo y de convocar a nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias libres. El Partido Comunista optó por disolverse como tal y se reorganizó como Partido Socialista Húngaro (PSH), apoyado en una plataforma que accedía al sistema democrático.
Las elecciones de 1990 arrojaron una decisiva derrota para los comunistas reciclados y propiciaron la toma del poder por una coalición de partidos liberales y moderados encabezados por Víktor Orban, elegido Primer Ministro de la nueva república, quien fue reelecto en 1998 por última vez después de un notable giro hacia el sector conservador.
Lamentablemente, Hungría era todavía en los albores de este siglo una sociedad permeada por quienes sostuvieron durante gran parte del siglo pasado un régimen totalitario sometido al imperio soviético y por quienes aprovecharon el cambio para conservar posiciones de privilegio e influencia en una especie de piñata de corte mafioso. Desde esas posiciones, con el disfraz de demócratas y la perfidia de nuevos potentados con riquezas mal habidas, lograron manipular la política y convencer al pueblo para obtener de nuevo el poder en las urnas.
Así fue como los antiguos comunistas, amparados en el PSH, volvieron a tomar el poder en 2002 formando una coalición y, finalmente, lograron mayoría en la Asamblea Nacional en abril de 2006. Alcanzaron 186 de los 386 escaños de ese único órgano legislativo, para afianzarse como primera mayoría y, con el apoyo de otros partidos menores de la extrema izquierda, integrar la nueva mayoría parlamentaria que mantuvo a Ferenc Gyurcsany como Primer Ministro.
En estas últimas semanas quedó al descubierto cómo Gyurcsany había estado mintiendo por años a su propio pueblo sobre los resultados de su gestión de gobierno y sus verdaderos propósitos. Ese es el motivo de esta nueva revuelta que marca por tercera vez en Hungría los meses de octubre y noviembre. La pugna continúa en constantes choques callejeros porque estos personajes no tienen sentido del honor y se aferran al poder a costa de los intereses de sus países y sus pueblos. Gyurcsany se niega a renunciar, pero los húngaros persisten, porque han demostrado que les sobra coraje. Que Dios los ayude.
Ese es el peso de la herencia que les ha quedado a tantos pueblos sometidos por el totalitarismo en muchas partes. Una herencia mafiosa, de abuso y de corrupción. No son defectos de las nuevas democracias sino el lastre de abominables dictaduras. Por estos mismos días contemplamos, por ejemplo, la patética imagen de un dictador senil que en Cuba se aferra al poder y aspira desde su nublada mente a dejarle a su pueblo la misma herencia nefasta. Que Dios no lo permita.
En Hungría, en Cuba y en tantas otras partes que han sufrido la crueldad de las tiranías más férreas que ha padecido la humanidad en los últimos 70 años, acabarán por imponerse los vientos del cambio que traen a sus pueblos el oxígeno de la democracia y la luz de la libertad. Se impondrán porque soplan hacia el anchuroso horizonte del progreso y el bienestar.
|