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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Gerardo E. Martínez-Solanas
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Posts: 306
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La destrucción de la naciente democracia de ZIMBABWE - 2008/06/24 19:24 En las páginas de DemocraciaParticipativa.net hemos tratado de destacar durante años el lento y tortuoso progreso de la democracia en África, a medida que surgían estructuras, métodos y procesos en los lugares más improbables –como Etiopía, Uganda, Congo, Zambia y, ahora, Zimbabwe, entre otros– que apuntaban hacia una evolución tal en la conciencia política del mundo de hoy que hasta los regímenes autoritarios y los dictadores se están sintiendo obligados a promover espacios democráticos en un intento por legitimizar su gestión de poder.

Estos espacios democráticos tienden a abrir de par en par las puertas que el dictador mesiánico se empeña en mantener entrecerradas, porque los pueblos toman conciencia del poder de los sin poder. Eso fue precisamente lo que sucedió con el derrumbe del Imperio Soviético. Sólo que Mikhail Gorbachov tenía un auténtico propósito de liberalizar la sociedad y la política de su Imperio (aunque le falló su intento absurdo de hacerlo dentro del sistema comunista), mientras que en el África de hoy el autodenominado “Padre de la Patria” de Zimbabwe sólo persigue mantenerse en el poder y, para ello, apenas intenta aparentar la legitimidad de una popularidad y una aceptación de su pueblo que sólo existe en su maquinaria de propaganda. No es el primero ni será el último que aparente un fervor democrático que se desvanece cuando se da cuenta de que lleva las de perder.

Es algo verdaderamente lamentable, porque después de un largo “reinado” presidencial, desde que ganó las primeras elecciones libres de su país hace casi 30 años, Robert Mugabe parecía destinado hace pocos meses a pasar por las puertas grandes de la historia como un auténtico demócrata, aunque a regañadientes, cuando comenzó la campaña electoral que está a punto de culminar abriendo las puertas a un pluripartidismo que hacía años que no existía en su país. En el interregno de la campaña quedó en segundo lugar, pero logró con métodos turbios que el resultado del ganador en la primera vuelta no superara el 50%, de modo que una segunda vuelta electoral fuera indispensable de acuerdo con las leyes electorales de Zimbabwe.

A partir de ese momento renunció a todas las apariencias y tomó firmemente en sus manos las riendas crueles de la dictadura. Unas riendas moldeadas en la tendencia pro soviética de que hacía gala en su gobierno hace 20 años. Uno más de los tantos dictadores filocomunistas que surgieron durante la segunda mitad del siglo XX y que sobreviven a sangre y fuego en este siglo XXI que parecía tan prometedor para quienes contemplaron el derrumbe del comunismo hace apenas 20 años.

Lo que estamos contemplando en Zimbabwe en estos momentos consiste en la sistemática eliminación física de cuantos opositores expresan una voluntad de organizarse para apoyar al líder opositor Morgan Tsvangirai, que hasta hace pocos días sostenía a duras penas la esperanza de que las instituciones democráticas mantuvieran la fuerza y coherencia suficientes para resistir la embestida de la represión oficial. Pero la violencia ha llegado a un grado tal, apenas una semana antes de las elecciones de este viernes 27 de junio, que Tsvangirai ha optado por retirarse del malogrado proceso electoral, explicando que no puede seguir pidiendo a sus correligionarios que acudan a las urnas “cuando ese voto puede costarles la vida”. Es más, temiendo por su propia vida se vio obligado a pedir asilo en la Embajada Holandesa. La mayoría parlamentaria obtenida en marzo por su Movimiento por el Cambio Democrático (MDC en inglés) ha perdido todo su significado e influencia ante las medidas dictatoriales que favorecen a la agrupación oficialista ZANU-PF bajo la dirección férrea de Mugabe, quien no muestra el más mínimo respeto por el Poder Legislativo. Vale reflexionar que es, ni más ni menos, lo ocurrido en tierras de América –en Ecuador y Bolivia– durante los últimos meses de constantes agresiones y represión contra el Poder Legislativo.

El MDC ha sido víctima de una creciente brutalidad por parte de las fuerzas represivas desde marzo. No les permiten manifestaciones ni actos públicos y, cuando algún juez movido por su responsabilidad se ha atrevido a desautorizar las prohibiciones policíacas, las “milicias” paramilitares oficialistas se encargan de cerrar el paso a los opositores, apalearlos y destruir sus pertenencias. Otro hecho que se asemeja a ciertos sucesos en Bolivia y Ecuador durante los últimos meses.

El mismo candidato opositor Tsvangirai había sido detenido en varias ocasiones y hasta ha sufrido golpizas antes de refugiarse en la Embajada Holandesa, mientras que el Secretario General del MDC, Tendai Biti está ahora encarcelado sin fianza acusado de traición. Esta violencia ha causado alrededor de un centenar de muertos y más de 10.000 heridos. Además, el régimen se ha dedicado a desplazar forzosamente a más de 200.000 personas de sus hogares en las zonas altamente favorables al candidato opositor para impedir su participación en el proceso electoral.

El urgente llamamiento de Tsvangirai a las Naciones Unidas para que intervenga y restaure la paz y las condiciones indispensables para celebrar elecciones limpias, apenas ha recibido un tibio reconocimiento e intangible respaldo. Los pocos observadores africanos que tratan de mediar en la crisis, incluyendo al Presidente sudafricano Thabo Mbeki, líder de una de las pocas democracias funcionales del continente, han formulado algunas protestas pero sin pedir medidas eficaces que frenen la agresividad de la dictadura. Su mediación resulta tan obsecuente a las fuerzas de Mugabe que Sudáfrica se dedicó a bloquear una acción más enérgica por parte del Consejo de Seguridad en su reunión de esta semana.

En cualquier caso, Mugabe no ha sido parco ni discreto al proclamar que no abandonará el poder bajo ninguna circunstancia. Así son este tipo de dictadores cuando se afianzan con el beneplácito o la indiferencia de la comunidad internacional, ya sea en Zimbabwe, Bielorrusia, Corea del Norte o Cuba. Las “amonestaciones” que formulan los foros internacionales en estos casos se vuelven palabras a las que se las lleva el viento. Es una muy equivocada forma de “respetar” la soberanía nacional y los asuntos internos de los Estados a costa de abandonar a los pueblos al abuso y la represión.

Nota: Se pueden enviar protestas al

Ministry of Foreign Affairs
Munhumutapa Building, Samora Machel Ave
P.O. Box 4240 Harare, Zimbabwe
Telephone : 727005/9 : 794681/5
Fax: +263-4-705161
Email Addresses:
Information: info@vpmujuruoffice.gov.zw
Protocol : prpoffice@zarnet.ac.zw
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