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Marcos Villasmil
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ÁFRICA; ¿Democracia en Crisis? - 2007/06/18 13:56 ÁFRICA: ¿DEMOCRACIA EN CRISIS?


Algunos analistas se empeñan en ver la realidad de manera estática, como si la misma no pudiera sufrir cambios, bien sea por medio de avances que merecen ser apoyados, o también por la aparición de involuciones y retrocesos. Un ejemplo perfecto lo es la clasificación que está de moda desde hace años de países que han alcanzado el estatus de “democráticos”. Para empezar, dichas clasificaciones se quedan algunas veces cortas al considerar como requisito no solo mínimo, sino suficiente, el que se realicen elecciones. La democracia, se sabe, es mucho más que eso.

Una realidad que está mostrando peligrosos desajustes es la de las naciones del África al sur del Sahara. Las elecciones realizadas recientemente en Nigeria no son sino un ejemplo más de ello. Y es que cuando las cosas no se hacen “democráticamente”, los ciudadanos empiezan a buscar otras soluciones.

De nada sirve la realización de elección tras elección si la gobernabilidad democrática no mejora, si las instituciones no se despersonalizan, si la corrupción ahoga cualquier posibilidad de desarrollar programas sociales efectivos, y si no se impulsa un desarrollo económico en libertad.

A fines del año pasado, el Afrobarometer, una súper encuesta realizada en 18 países africanos, dio como resultado que si bien un 60 por ciento de africanos considera que la democracia es el mejor sistema de gobierno, la insatisfacción con el modelo aumentó a un 58 por ciento (de un 45 en 2001). ¿Alguna remembranza con lo que piensa la gente en nuestro vecindario de las apaleadas democracias latinoamericanas?

Las elecciones en Nigeria se realizaron en medio de acusaciones de corrupción, amenazas de golpe militar, y evidentes esfuerzos por impedir la participación de líderes populares de oposición. Los observadores internacionales de todo tipo –no estaba por cierto Jimmy Carter, lo cual es una buena señal de imparcialidad- consideraron la elección como inaceptable. Y no estamos hablando de un país cualquiera.

Nigeria es el país más poblado en África, y el segundo más rico. Con 140 millones de habitantes, divididos en 250 grupos étnicos, muestra hoy una gran competencia entre el Islam y el cristianismo por llegar a los corazones de la gente. La importancia de Nigeria para Estados Unidos no puede obviarse: con 36 mil millones de barriles de reservas probadas, es el productor número uno de África y octavo en el mundo, así como el quinto suplidor de USA (1.139.000 barriles diarios en el 2006; Arabia Saudita, por ejemplo, suministró 1.456.000 de barriles ese mismo año.) Vale la pena notar también – y no es poca cosa- que su población musulmana triplica la de Arabia Saudita. Esa inmensa prosperidad petrolera sin embargo no ha beneficiado a las mayorías. Por ello, y siguiendo siempre con el Afrobarometer, hace 10 años el 85 por ciento de los nigerianos confiaban en la democracia; hoy solo un 25 por ciento. Más de un 70 por ciento no cree que las elecciones puedan ser el camino de cambiar el actual liderazgo criticado por corrupto.
En algunos casos dentro de ese continente, el problema no es solo la transparencia electoral sino la supervivencia misma del Estado, como Uganda, o Zambia, por no mencionar los casos terribles de Guinea, Gabón o Zimbabwe (donde gobierna un pana de Hugo Chávez, Robert Mugabe).

Según Freedom House, en 1976 solo tres países en dicho continente eran considerados “libres” y 25, “no libres”. Treinta años después, si bien la categoría de “no libres” se ha reducido a 14, la gran mayoría de países se ubica en una especie de limbo llamado “parcialmente libre”, si bien habría que ver qué carrizo significa esto último.

El gobierno “saliente” (¿será verdad?) del presidente Olusegun Obasanjo fue electo en 1999, con la mejora de la infraestructura como una prioridad de su campaña. Dos periodos y ocho años después, lo único que hizo fue cambiar el nombre de la compañía de electricidad. El anterior, N.E.P.A., era causa de chiste generalizado –para la gente significaba “Never Expect Power Again”- y ahora el nombre es “Power Holding Company” (PHC). Todo un avance. Los nigerianos, que por lo visto no pierden fácilmente el humor, transformaron las nuevas siglas en “Please Hold Candle”.

El petróleo, como ha sucedido en otros países, primero fue nacionalizado, y luego secuestrado por los detentadores del poder.

Lo peor, según algunos observadores internacionales fue ver como, en algunas poblaciones, decenas de jóvenes, frustrados por no poder votar –grupos oficialistas habían destruido el material de votación- gritaban en protestas para que todos los oyeran: “No hay empleo”, “no hay comida”, “no hay luz”, “no hay libertad”, “que no haya elección”. Una ira cuya ruta puede ser perfectamente predecible: el retorno a la búsqueda de un nuevo salvador, de un nuevo Mesías. Y es que los Hugo Chávez Frías, para desgracia del planeta, no se dan solo por estas latitudes.
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Gerardo E. Martínez-Solanas
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Re:ÁFRICA; ¿Democracia en Crisis? - 2007/09/11 16:57 Pese a la realidad indiscutible que nos presenta Marcos en este artículo, lo cierto es que hay motivos más que suficientes para estar optimistas sobre el progreso de las democracias a nivel mundial. La democracia se está convirtiendo en el máximo común denominador de lo que la comunidad internacional considera un buen sistema político y un gobierno legítimo.

Hay países donde jamás se había experimentado la democracia y a veces ni siquiera era tema de discusión pública, pero sus gobiernos se ven acuciados por sus ciudadanos que ejercen una firme presión social en la búsqueda de cauces que los conduzcan a mayores libertades dentro del marco que se percibe como “democracia”. Así se han producido procesos electorales en lugares tan improbables como Kuwait, Etiopía, Uganda y muchos otros donde la cultura democrática brilla por su ausencia. En estas páginas de DemocraciaParticipativa.net seguimos muchos de estos procesos, sobre todo en el continente africano, que son motivo de esperanza.

No podemos juzgar a estos países con la vara que porta Marcos en su artículo, porque están saliendo del infierno y apenas dando sus primeros pasos por un largo purgatorio que los limpie de malos hábitos para poner en práctica la capacidad perfectible de eso que llamamos democracia, pero que tiene tantas manifestaciones como la libertad de expresión y asociación pueda imaginar.

Otros países, otrora también improbables en su perspectiva democrática, han dado notables pasos de avance que no sólo les han abierto a sus ciudadanos un estado de derecho sino que también han contribuido al progreso y bienestar de sus pueblos. Ese es el caso de Corea del Sur, Taiwán, Japón, Sudáfrica y otros, por no mencionar también a los países de la Europa oriental que sufrieron un largo sometimiento al imperio soviético. Estos países de Europa, en su mayoría, tampoco tenían cultura democrática, salvo chispazos muy breves y esporádicos en el siglo XIX o el XX, pero han surgido como verdaderos ejemplos de la evolución democrática que experimenta la humanidad.

Donde nos afecta el pesimismo –porque se trata de experiencias que nos tocan muy de cerca– es en Iberoamérica. Contrario a todos los países que he mencionado, los países hermanos al Sur del Río Grande tienen ya una larga experiencia de intentos democráticos. Apenas le van 40 años a la zaga del coloso norteamericano en esos intentos. Estamos hablando de casi dos siglos de intentos fallidos o desarticulados por la ambición desmedida de poder o por la corrupción. Tiempo más que suficiente para haber progresado por el camino de la perfectibilidad democrática. En este ámbito geográfico sí vemos un retroceso hacia el autoritarismo y el totalitarismo como medios de entronizar a una elite mafiosa dispuesta a controlar a esos países a cualquier costo.

No obstante, hay paradigmas como los de Chile y Costa Rica que parecen un faro que guía con sus ejemplos a países como México, Uruguay y Brasil, donde la estabilidad democrática parece afianzarse cada vez más. Recientemente ha habido por sexta vez consecutiva elecciones libres y justas en Guatemala. A su vez, República Dominicana y Panamá parecen marchar también hacia la estabilidad democrática.

Efectivamente, presenciamos un notable retroceso en Iberoamérica con la plaga chavista de seguidores o emuladores del castrismo. Pero hay también mucha esperanza. En general, me atrevo a predecir que el triunfo definitivo de las democracias será un hecho consumado en este siglo.
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