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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
T.A.Banno
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¿De que lado la democracia vale la pena? - 2007/01/06 20:12 ¿De que lado la democracia vale la pena?

El libro “La Sociedad Abierta y sus Enemigos” de Karl Popper fue publicado por primera vez en Inglaterra en 1945, mientras Hitler lanzaba su inmisericordiosa descarga de bombas sobre Londres. La figura de Karl Popper fue creciendo desde entonces por su defensa de las «sociedades abiertas» democráticas y su dura crítica a los totalitarismos, especialmente del comunismo, convirtiéndose en una referencia inevitable en un mundo donde las grandes ideologías proféticas se van acumulando unas sobre otras en el gran museo de las ideas.

Popper concibió la democracia como un sistema en el que los gobernantes puedan ser mas fácilmente sustituidos que elegidos, sin recurrir a la violencia, centrado sobre dos interrogantes fundamentales de la filosofía política:
•¿Cómo se puede evitar que el ejercicio del poder no se apoye en dogmas, ni sociales ni políticos?
•¿Qué tipo de instituciones hay que establecer para reducir el peligro y los riesgos que traen consigo la administración de los asuntos públicos por políticos ineficaces?

Sin embargo, al ponderar el discurso político y la charlatanería politiquera en Argentina y en Estados Unidos, se me ocurre que la democracia de nuestros días—así como es comprendida y practicada—no refleja lo que ese paladín de las democracias modernas tenia en mente, y ahora tengo mis dudas sobre si “la democracia” después de todo, vale la pena.

Con estas reflexiones viene a mi memoria un artículo de Fareed Zakaria en Foreign Affairs donde escribe: “Desde los tiempos de Herodoto, la democracia ha significado, ante todo, el gobierno del pueblo por el pueblo. Esta concepción de democracia como un proceso para seleccionar gobiernos, como lo han argumentado filósofos y estudiosos desde Alexis de Tocqueville, pasando por Joseph Schumpeter hasta Robert Dahl, es ahora la única concepción usada por las ciencias sociales." En La Tercera Ola, Samuel P.Huntington explica el por qué.

“El proceso de elecciones”--escribe Huntington—“cuando son transparentes, irrestrictas, libres y justas, es la esencia de la democracia, es una condición necesariamente ineludible, sine qua non. Sin embargo, las elecciones del pueblo pueden producir Gobiernos ineficientes, corruptos, miopes, irresponsables, dominados por intereses particulares, e incapaces de adoptar las políticas que exige el bien público. Estas cualidades hacen tales gobiernos indeseables pero no los hacen antidemocráticos. La democracia es una virtud pública, pero no es la única, y la relación de democracia con otras virtudes y vicios públicos sólo puede ser comprendida si la democracia es así claramente distinguida de las otras características de sistemas políticos.”

Cuando Zacarias escribió su artículo en 1997, yo ya había visto como el proceso democrático producía en Argentina el tipo de gobiernos que el autor describe con elogiable objetividad; y se ha visto en otras sociedades también, siendo las elecciones de la Autoridad Palestina el ultimo y mas claro ejemplo del fenómeno.

Aun diez años antes, Karl Popper reconoce que la teoría central de democracia en “La Sociedad Abierta y sus Enemigos”—que no se caracteriza precisamente por “ser el gobierno del pueblo por el pueblo”—pudo no ser bien comprendida. Popper lo escribe asi: “Mi teoría de democracia es muy simple y fácil de comprender por cualquiera. Pero el problema fundamental de nuestros días es tan diferente de los enfrentados por las antiguas teorías de democracia que todo el mundo da por supuestas, que esa diferencia no ha sido aprehendida. Mi teoría evita el uso de abstracciones rimbombantes como “poder”, “libertad”, “razón”. Yo creo en la libertad y la razón, pero no creo que se pueda construir una teoría simple, práctica, y provechosa en esos términos; porque son muy abstractos; pueden ser mal usados y abusados con facilidad; y por supuesto, nada podría ganarse con la inclusión de sus definiciones.”

Viendo como la democracia funciona en Argentina, y como funciona en Estados Unidos en la fútil campaña de imponerla en sociedades cuya cultura no es compatible con el concepto clásico o moderno del término, vuelvo a preguntarme si la democracia vale realmente la pena, y les invito mis amigos a comparar mis reflexiones con las de ustedes.

Cordialmente,
T.
Articulo originalmente publicado en http://cronicactual.multiforos.es

Fuentes:
Fareed Zakaria, “The Rise of Illiberal Democracy”. Foreign Affairs; Noviembre, 1997
Samuel P. Huntington, "THE THIRD WAVE OF DEMOCRATIZATION.” University of Oklahoma Press; 1993.
Sir Karl Popper, “Popper on Democracy: The open Society and its Enemies Revisited”. The Economist, Abril 23, 1988

Fareed Zakaria es editor de Newsweek International, con responsabilidad por todas las ediciones internacionales. El es el columnista regular de Newsweek, y a menudo colabora en The Washington Post. Es analista de ABC News; y anfitrión/moderador del programa "Foreign Exchange" en PBS-TV, que trata asuntos internacionales.
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Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
Posts: 315
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Re:¿De que lado la democracia vale la pena? - 2007/01/15 10:52 Esta ponencia nos hace un planteamiento muy interesante con notable profundidad sobre si vale la pena defender y desarrollar las «sociedades abiertas» democráticas. Sin embargo, es decepcionante que tan versado aporte concluya preguntándose “si la democracia vale realmente la pena”. Quisiera pensar que es solamente un anzuelo que nos lanza para provocar el debate esclarecedor.

La respuesta breve es que los seres humanos tenemos derechos inherentes e inalienables que se han ido consolidando a través de la historia hasta cristalizar en una serie de documentos internacionalmente reconocidos que plasman con claridad meridiana cuáles son los principios que anteceden y que están por encima de toda legislación posible o decisión mayoritaria que los conculque. Entre estos instrumentos, destaca, por supuesto, la Carta Internacional de Derechos Humanos, que recoge cuatro documentos fundamentales suscritos por todos los países del planeta.

Estos derechos sirven de base a la idea democrática porque representan los fundamentos que cada persona tiene para poder decidir en comunidad sus propios destinos individuales y, por lo tanto, para ejercer su voluntad en un medio que no dependa de los caprichos, intereses o convicciones de una persona o de un sector, tanto si éste es elitista como si se apoya en prerrogativas mayoritarias.

Permítame además el ponente hacer una breve aclaración para beneficio de los lectores sobre dos figuras sobresalientes de la teoría política que menciona en su interesante aporte: Popper y Dahl.

Karl Popper desarrolla una teoría de la soberanía que intenta responder a una pregunta fundamental para cualquier estudioso sobre el tema: “¿Quién debe dirigir el Estado?”

En su libro La Sociedad Abierta y sus Enemigos, Popper plantea el problema de una “mayoría soberana” capaz de depositar el ejercicio del poder en una sola persona (como sucedió en la Alemania nazi con Hitler y estamos contemplando en la Venezuela de hoy con Chávez), examinando así uno de los problemas fundamentales del concepto democrático, que no es otro que la dictadura de las mayorías.

La cuestión fundamental es, por lo tanto, que si colocamos el énfasis en determinar quién debe gobernar, las teorías de la soberanía pueden, en las circunstancias sociopolíticas propiciatorias, “legitimar” el ejercicio dictatorial del poder estatal y su posible evolución totalitaria, como vemos que ha sucedido y sigue sucediendo.

Robert A. Dahl, por su parte, escribió una obra que todos los interesados en política debieran leer: On Democracy, publicado por la Universidad de Yale, de la cual estoy seguro que debe haber traducciones al español. Se trata de una verdadera guía a las diversas opciones democráticas que comprende también una interesante digresión a las condiciones indispensables (y cómo identificarlas) para que un país con un gobierno no democrático experimente una transición hacia la democracia.

Para terminar, permítaseme citar de mi propia tesis en Gobierno del Pueblo: Opción para un Nuevo Siglo:

Los derechos humanos son una cuestión fundamental irreductible de la que depende la supervivencia misma de la humanidad y el progreso de su gestión civilizadora. Su aplicación sólo puede ser el resultado de un proceso de superación y el producto del esfuerzo consciente de todos para reconocer esa esencia común de humanidad que va mucho más allá de las apariencias que nos separan del resto de nuestros semejantes y que trasciende a todas nuestras diferencias del momento o a las barrerar ideológicas, culturales y económicas que constantemente tratan de compartamentalizar la civilización. El reconocimiento de la existencia de tales derechos fundamentales es la quintaesencia de los valores en virtud de los cuales afirmamos que somos una comunidad humana. Y su carácter universal implica que constituyen la norma definitiva de cualquier política ... Basta con que se respeten estos derechos fundamentales y se los defienda por todos los medios jurídicos disponibles para que la sociedad resultante pueda ser cuna de una democracia verdadera ...

Todo lo demás son fórmulas y opiniones que pueden tener múltiples matices y que cobran validez según las circunstancias nacionales y el grado de consenso obtenido en las decisiones particulares de cada país ... Esta es la palabra clave de toda democracia: el consenso. Es una meta donde priman la tolerancia y el respeto y a la que se llega por la transacción, el diálogo y la razón. Su vehículo idóneo es la democracia participativa.
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